Agadir y Essaouira se unen por una de esas carreteras que en España van desapareciendo, de esas que se pegan al paisaje y se adaptan al él como una cuerda que dejas caer sobre el terreno. Allá, en España, quienes deciden se empeñan en tensar siempre esa cuerda e imponer líneas rectas a costa de la Naturaleza o de lo que sea. Esas carreteras, aún vigentes aquí en Marruecos, suelen fabricar recodos, generalmente entre curvas, que se convierten en micropaisajes con vocación mágica. En uno de ellos paramos.
La Naturaleza cuenta con la capacidad, asombrosamente eficaz por entrenada, de colocar cada cosa en su sitio y cada árbol en su lugar y el argán, el árbol, es una demostración de esas eficacias.
Desde una cierta distancia podrían parecer encinas u olivos, de cerca se aprecian las copas de ramas espinosas y unos troncos imponentes con la piel más cuarteada que yo haya visto nunca; esa corteza, certificado de longevidad, facilita que las cabras accedan a las ramas a realizar su particular poda y recolección de frutos. Así que en estos sobrecogedores árboles no se posan pájaros, sino cabras.
El Argán lo marca todo, el paisaje, la economía, la gastronomía y hasta la piel de la gente que se trata con una pasta obtenida de la molienda de su fruto.
Qué cosas se ven en los recodos cuando las carreteras no están pensadas para pasar de largo.
Manuel Paz




Fotaza, la de la carretera.. Recuerdo, conversaciones contigo, al respecto de éstas escasas ya, carreteras con encanto, de rutas españolas.. estando, en el viaje de Portugal, año 2000.. en aquel albergue de carretera, con aquella “antojana – balconera”, donde todas las noches, se “vinculaba”.. insisto, fotaza!!