Habrá que pasar el agua: desventuras de la OCAS

Cuando mi madre me dijo: “pa este viaje vais tener que pasar el agua” no creo que se refiriera ni a los litros de sudor que nos empapan, ni a chupas de agua bajo las repentinas tormentas en esta Nicaragua.

A las cuatro de la mañana nos levantamos mirando al gris cielo y rezando para que dejara de llover. Las calles de Bluefields estaban desiertas salvo por los que aún no habían terminado la juerga de la noche anterior y algún que otro borracho que se refugiaba en cualquier porche.

La OCAS caminaba por las solitarias calles tras un carretillero que transportaba los bultos más pesados. Nuestro objetivo: embarcar rumbo a El Rama. Menos mal que madrugamos porque la burocracia del ejercito local hizo retrasar aún más la salida cuando abrieron una por una las maletas de los 36 miembros de la expedición. Puede ser que exista miedo por parte de las autoridades a que nos lleváramos lodo o caracoles que en estas tierras tienen la culpa de todo.

Subiendo, por fin, a la panga

Subiendo, por fin, a la panga

Dos horas de viaje en panga pueden dar para probar una inusitada cantidad de posturas de sentarse y descubrimos huesos del culo (ejem, aquí no se puede decir culo) que hasta el momento no sabíamos que existían.

Como era de esperar, de las tres pangas que emprendieron el viaje solo se estropearon dos. Menos mal que existía el antecedente del lago Atitlán y no supuso ninguna dificultad trasladar maletas, instrumentos y viajeros, en el medio del Río Escondido y con un sol de justicia.

Una de las pangas durante la avería

Una de las pangas durante la avería

Llegados a El Rama comenzó la subasta para contratar a los porteadores del equipaje de la OCAS. Ganaron 200 Córdobas los mismos que en el trayecto contrario hace tres días habían cobrado 300 marizápalos (ver glosario). Los últimos se ofrecían por 150, por 100 e incluso hubo unos que quería pagarnos por el acarreo cuesta arriba. Pero somos fieles y el trato ya estaba cerrado.

Iban subiendo los mozos, con los corderos al hombro…, además de maletas, cajas, un contrabajo y una batería y al llegar al final de la empinada cuesta nos esperaba nuestro transporte. Ya nos había advertido Manuel que había pedido un autobús mejor que el que nos trajo y este era mucho más bonito… ¡¡¡dónde va a parar!!!. Hasta el pomo de la palanca de cambios era una bola de cristal con una estrella de mar dentro. Volante, asiento y salpicadero estaban adornados con cintas que curiosamente alternaban los colores de la bandera republicana con los rojigualdas de la enseña patria.

El autobús

El autobús, antes de que se estropeara

El aspecto general del vehículo no nos daba mucha confianza e incluso alguien sugirió que se había utilizado para la comunión de Sandino. El bus, con más años que Matusalén no tardó en averiarse y dejarnos tirados en medio del trayecto a Managua. La reacción de la empresa de transportes fue la esperada, osea, lenta y en menos que canta el gallo (una hora) tuvimos preparado un transporte que nos llevó tarde a Managua.

La consecuencia de estos retrasos supuso el desembarco en el hotel a 1.000 por hora,  la cancelación de los ensayos y un pequeño retraso en el inicio del concierto. Un hecho insólito a destacar fue el cabreo y bronca telefónica de Manuel Paz a la empresa ya que nuestro director se caracteriza por ser capaz de mantener la calma en condiciones en las que el Santo Job hubiera tomado la determinación de liarse a tiros.

El autobús por dentro

El autobús por dentro

El autobús

El autobús

Hay que decir que el paisaje que nos acompañó durante todo el trayecto era maravilloso y que cuando estábamos llegando a Managua, la lluvia volvió a estar presente con varios chaparrones importantes. Menos mal que habíamos cambiado de autobús y el equipaje ya no iba en la baca.

Una vez llegamos al hotel, a toda prisa nos fuimos al Colegio Batahola a realizar un ensayo rápido y al concierto. Como fue muy interesante, merece por sí solo un post.

Nota: En el día de ayer hubo más de una persona que se acordó de Carolina quien habría hecho una crónica de las de desternillarse. Carolina, un beso fuerte desde Nicaragua y que sepas que te echamos mucho de menos.

Álbum de fotos 24 de julio – De vuelta a Managua

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