Archivo mensual: agosto 2011

Cuaderno Fotográfico 1, por Manuel Paz

Agadir y Essaouira se unen por una de esas carreteras que en España van desapareciendo, de esas que se pegan al paisaje y se adaptan al él como una cuerda que dejas caer sobre el terreno. Allá, en España, quienes deciden se empeñan en tensar siempre esa cuerda e imponer líneas rectas a costa de la Naturaleza o de lo que sea. Esas carreteras, aún vigentes aquí en Marruecos, suelen fabricar recodos, generalmente entre curvas, que se convierten en micropaisajes con vocación mágica. En uno de ellos paramos.

La Naturaleza cuenta con la capacidad, asombrosamente eficaz por entrenada, de colocar cada cosa en su sitio y cada árbol en su lugar y el argán, el árbol, es una demostración de esas eficacias.

Desde una cierta distancia podrían parecer encinas u olivos, de cerca se aprecian las copas de ramas espinosas y unos troncos imponentes con la piel más cuarteada que yo haya visto nunca; esa corteza, certificado de longevidad, facilita que las cabras accedan a las ramas a realizar su particular poda y recolección de frutos. Así que en estos sobrecogedores árboles no se posan pájaros, sino cabras.

El Argán lo marca todo, el paisaje, la economía, la gastronomía y hasta la piel de la gente que se trata con una pasta obtenida de la molienda de su fruto.

Qué cosas se ven en los recodos cuando las carreteras no están pensadas para pasar de largo.
Manuel Paz


La verdad sobre perros y gatos … y cucarachas, por Fernando Oliva

Alianza de civilizaciones;  Vínculos; ya hemos hecho dos ediciones de nuestro proyecto de música y cooperación en Marruecos y algo hemos aprendido. Mucho tenemos en común los Españoles y los Marroquíes, somos “primos” -como ellos dicen- y por lo fácil que caemos en las trampas y los timos que nos dan, somos más primos de lo que creemos.

Pero existen diferencias culturales, casi mitocondriales, como perros y gatos, capaces de coexistir, incluso cordiales pero con la certeza de que a la menor oportunidad se enzarzaran en una pelea por cualquier tontería.

Gato marroquí. Fotografía de Amaya RodríguezUna cultura del movimiento, del nomadismo, que valora a los gatos, autónomos, libres e impredecibles, que son capaces de librarles de ratones, serpientes y cucarachas, sobre todo cucarachas. Por el contrario nuestra cultura sedentaria, apegada al terruño, servil, de estómago agradecido, como los perros; inútiles cargas que devoran alimentos y sobretodo agua ¿a cambio de qué?, de cariño, eso sí, en la mayoría de los casos de un desmedido cariño y una dependencia absoluta.

En conflicto la cultura nómada que “apedrea” a los perros –y lo vimos varias veces- y nuestra cultura sedentaria que lleva fotos en el móvil de nuestra querida “mascota cánida”–utilicemos lenguaje sin género – .

Nunca vimos más gatos juntos, ni tan bien alimentados, sobre todo en Essoauira donde caminan de puntillas, casi con “asco” por encima de las montañas de sardinas que se amontonan en el muelle.

Es en este momento cuando una pregunta me viene a la cabeza, ¿sería el gato el animal emblemático de Marruecos?, inmediatamente surge las respuesta, no, sin duda por número, visibilidad e importancia tendría que ser la cucaracha. Este insecto que no goza del cariño de casi nadie y de una publicidad negativa, donde las haya, por estas latitudes es rojiza, casi rubia, de mayor tamaño y mucho más curiosa y descarada que las nuestras. Las vimos en cantidades ingentes, por paredes, suelos, techos, en la ropa, en las calles y hasta en el cesto del pan, tan común que llegas a verlas como casi “otro tipo de hormiga”.

Si vas al baño es imprescindible un pacto mutuo de no agresión con la cucaracha, dejar pasar la vida y con suerte un gato se acercará devorándola velozmente, antes de que un perro se percate del minino persiguiéndolo por la calle, mientras un simpático lugareño le tira piedras al can.

En definitiva, los gatos viven razonablemente bien, los perros irracionalmente mal, las cucarachas son mayoría y los humanos, somos tan distintos que somos idénticos.

Día 20: El Desierto-El Khorbat, 15 de agosto

Amanecer en el desiertoA la mañana siguiente nos fuimos despertando, a algunos hubo que despertarlos, eran las cinco de la mañana y comprobamos como había entrado la fina arena por todos los sitios. Unos cuantos desperdigados que durmieron en las dunas fueron llegando y nos reunimos en una duna para ver nacer el sol, todo un espectáculo. Después intentamos ponernos en camino lo antes posible para que el calor no nos atrapara por el camino.

DesiertoRegresamos a nuestras monturas y la caravana se volvió a formar. En esta ocasión el sol nos acompaño durante las tres horas que duro la vuelta. El impresionante recorrido por las rojas dunas fue realmente un derroche de belleza. Quienes llevaban cámaras de fotos o videos, no daban a vasto, cada duna parecía más expléndida que la anterior, cada ángulo, cada perspectiva, cada encuadre, una saturación de los sentidos, un gozo estético solo comparable al gozo de lanzarse a la piscina del Nomad Palace en cuanto nos apeamos de nuestros dromedarios y digo nuestros, porque en tan breve periodo de tiempo ya apreciábamos a nuestra monturas.

Desierto 2

Desierto 3

De regreso a El Khorbat paramos en una cantera en la que trabajaban mármoles y piedras en las que se incrustaban miles de fósiles de diversos tamaños, desde pocos milímetros a varios metros. Trilobines, Amonites y otros restos fosilizados  fueron una interesante y atractiva parada, para muchos un impagable aire acondicionado.

En el Khorbat nos esperaban los Gnawa, pero eso ya es otra historia…

Niño gnawa

Los Gnawa

A la llegada al Khobat, llegamos apurados de tiempo al ensayo de la OCAS Jazz Ensamble con los Gnawa, una agrupación de carácter musical y religioso. Nos recibieron con sus vestimenta impolutamente blanca con su gumía (puñal) atada a un cordel rojo que les cruzaba el pecho.

Fotos Gnawa

El ensayo, aunque complicado, fue muy interesante y supuso un primer vínculo con dos culturas musicales tan distintas.  Solamente quedaba esperar a la noche en donde se realizó el concierto en el que la fusión entre las dos formaciones, aunque complicada, terminó de forma espectacular con aplausos y con un público totalmente entregado. Una experiencia única de fusión entre la música etnico-religiosa y el más agnóstico Jazz.

Concierto Gnawas - OCAS Jazz Ensemble

Púbico en el concierto

Álbum de fotos día 20: El desierto-El Khorbat, 15 de agosto de 2011

Día 19: El Desierto, 14 de agosto

De caminoMás de dos horas de autobús en una recta inmensa que solo en el último cuarto de hora empezó a dejarnos ver en la lejanía una fina linea roja, El Sahara. Después de pasar Merzouga camino de Taouz, el conductor giró -no demasiado suave- a la izquierda para internarse en un paraje arrasado por el sol, con algunos mojones que marcaban la ruta. Aquellos montones de piedra eran suficientes para encaminar el autobús hacia  nuestro primer punto del itinerario, el Nomad Palace.

Nada más llegar ya vimos nuestros camellos, más bien dromedarios, un grupo de unos cuarenta reposaban en el exterior. El calor se mitigo un poco al nublarse el cielo sobre nuestras torradas cabezas. Tras avituallarnos con dos botellas de agua fria -no por mucho tiempo- nos acercamos al grupo de bereberes que nos fueron acomodando en distintas reatas de cuatro a seis animales.

En el desierto

Comenzamos nuestra “navegación” por el desierto. Al principio con rigidez y un precario equilibrio intentando sujetarnos para hacer fotos y videos a la vez , pero sobre todo con humor. Orbayaba en El Sahara y comenzamos a adentrarnos en las dunas, impresionados por el paisaje cada vez más tópico. Dunas gigantes en las que en su cresta la arena formaba chorros en espiral, las perfectas curvas en la arena, como escamas y los millones de cagarrutas de dromedario que hacen las delicias de los escarabajos peloteros. Los Bereberes, siempre dispuestos a la broma y con un sentido del humor muy parecido al nuestro, nos intentaron hacer creer que durante unos instante nos habíamos metido en territorio Argelino con el consiguiente peligro, pero, aquel bote de plástico ensartado en un palo que estaba clavado en la arena,  evidentemente no era una marca fronteriza.

Anochecía rápidamente de tal manera que al llegar a nuestro destino ya solo nos iluminaba la luz de la luna. Las jaimas donde pasaríamos la noche formaban un “ocho” con una sola entrada. El primer circulo, el mayor, fue nuestro comedor donde cenamos unos exquisitos  tajín de arroz. El segundo circulo, más pequeño, alfombrado de colchones, se convirtió en dormitorio a la intemperie,  preferible al calor del interior de las tiendas y salvo tormenta de agua o arena una de nuestras “habitaciones” aquella noche.

Después de cenar se improvisó un intercambio musical entre Bereberes y la OCAS y compartimos, casi hasta la extenuación, ritmos y bailes Gnawa y Bereber. La percusión tan ancestral que es capaz de unir culturas y formas de vida tan distintas como la nómada y nuestra sedentaria civilización.

De músicaNo podíamos irnos a dormir, pese al cansancio. Detrás de aquella única entrada estaba el desierto, en toda su plenitud. Así pues, pequeños grupos de nuestra orquesta se empezaron a desperdigar primero cerca de la jaima y poco a poco más lejos, internándose en el desierto, buscando la “duna perfecta”. Pronto en la oscuridad del desierto una decena de luces parpadeaban, aparecían y volvían a desaparecer. Cada cual en grupo o en solitario intentando encontrar “nuestro sitio” en el desierto. Caminábamos algunos con precaución pensando en toda la fauna que podía rodearnos, escorpiones, víboras cornudas, muy rápidas y peligrosas, y miles de insectos con aguijones, pinzas y venenos urticantes. Uno de nuestros anfitriones, muy joven, nos explico que la mayoría de estos habitantes del desierto huyen despavoridos de los hombres. Pero uno de esos “animalitos”, un insecto sospechamos, nos daría un susto picando precisamente en la nalga a una de las instrumentistas de la OCAS. Menos mal que no fue más que un susto. Seguro que ni en sus más psicodélicos sueños ella se imaginaba la experiencia que le tocaría vivir. Con la pierna dormida, tumbada boca abajo y el culo iluminado por las linternas, mientras un Bereber le aplicaba un ungüento fabricado de saliva y estiércol de dromedario. Por seguridad fue trasladada a un Centro Sanitario y a las pocas horas regresaba a la jaima con el susto en el cuerpo y una aventura que contar.

Dormir en el desierto, sin duda fue una de las experiencias más inolvidables para toda la OCAS.

Álbum de fotos día 19: El desierto, 14 de agosto de 2011

Día 18: El Khorbat, 13 de agosto

AutobúsEl número de horas que estuvimos en el autobús fue considerable ¿diez? ¿once?. Afortunadamente el vehículo era cómodo y había plazas para que todo el mundo se pudiera acomodar medianamente bien. El pasillo, como siempre, fue a tope.

Llegamos, muertos de hambre a El Khorbat, un lugar que nos encantó desde el momento en el que pusimos los pies en el suelo. El Khorbat es un ksar, o un alcázar, construido con adobe a mediados del siglo XIX, habitado por bereberes. Los pasadizos para llegar al hotel nos entusiasmaron aunque tuviéramos que ir cargando con las maletas un buen trecho.

El desayuno fue más que bueno y con el hambre que llevábamos nos supo como el mejor de los manjares. Después nos instalamos en el hotel, cuyas habitaciones nos dejaron con la boca abierta por el buen gusto con el que estaban decoradas.

En la piscinaEl concierto sería por la noche, a partir de las 10:30, así que hubo tiempo para descansar, conocer la localidad, hacer una ruta en bici hasta unas dunas próximas, pegarse un baño en la piscina y disfrutar de la conversación con la gente de la zona.

También hubo tiempo para buscar el lugar más adecuado para ofrecer el concierto, que finalmente sería en la plaza que da acceso al Ksar con cabida para unas 500 personas.

El lugar era de ensueño, con sus túneles, sus torres con símbolos bereberes, la tranquilidad, la buena gente. Así que pronto nos sentimos como en nuestra casa, eso sí, con calor, con mucho calor.

El Khorbat

Era la hora del concierto y aquello no parecía que fuera a tener una gran acogida. El público, mayoritariamente niños y niñas, se sentó en unas alfombras en el suelo y el resto de gente mayor se situó al fondo de la plaza.

Concierto

Como por arte de magia, en cuanto dio inicio el concierto, la gente empezó a llegar de un lugar y otro hasta dejar prácticamente llena la plaza.

Concierto
Concierto

Niños, mayores, bereberes, españoles (hay mucho turismo español en El Khorbat) aplaudieron y sabemos que disfrutaron porque así nos lo hicieron saber en francés, bereber, árabe, inglés y español.

Tras el concierto, un grupo local nos ofreció música tradicional que varios miembros de la OCAS acabaron bailando junto con jóvenes de esta localidad.

El concierto en El Khorbat fue sin duda uno de los concierto más memorables de Vínculos 2011.

Álbum de fotos día 18: El Khorbat, 13 de agosto de 2011

Día 17: Adiós Agadir, 12 de agosto

Tocaba despedirnos de Agadir. Por la noche salíamos rumbo a El Khorbat en un viaje de ni se sabe cuántas horas. Ocho, quizás nueve, ¿diez?.

Teníamos que realizar las últimas compras, hacer la maleta, despedirnos de la playa, pegarnos un buen baño en la piscina, pero en general fue un día tranquilo. A media tarde llegó al hotel nuestra gran amiga Nawal cargada con una gran sorpresa: Dos pastillas y un bizcocho.

La pastilla es como nuestra empanada, pero con una masa más fina y con gran variedad de ingredientes.

Pastilla exquisita de Nawal

Reservamos todo hasta que sonó la sirena avisando del fin del ayuno. Esa era la consigna. Así que en cuanto sonó nos juntamos en la terraza del bar del hotel a comer la exquisita comida cocinada durante toda la mañana por nuestra traductora, amiga y magnífica Nawal, que además resultó ser una cocinera espectacular.

Nawal

Alrededor de la medianoche y con todo listo, llegaba el autobús que nos llevaría hacia El Khorbat. Teníamos un montón de horas por delante, pero afortunadamente el autobús era grande y cómodo, pero el viaje ya lo contamos mañana.

De momento nos despedíamos, con mucha pena de Agadir, ciudad en la que pasamos más fresco que calor y en donde la “borrina” no nos permitió disfrutar de la playa todo lo que en principio habríamos esperado.

Álbum de fotos día 17: Adiós Agadir, 12 de agosto de 2011

Día 16: Biougra, 11 de agosto

Tras el día agotador de Tafraout el día 16 de la gira fuimos rumbo Biougra, una localidad bastante cercana a Agadir, con lo que apenas tuvimos tiempo de cansarnos del autobús. Tuvimos toda la mañana, merecida, para descansar.

A eso de las 3 y media de la tarde salíamos hacia Biougra. Sería el último concierto en Agadir y sus alrededores. Al llegar a la localidad, dejamos los instrumentos en el Centro Cultural Rais Said Achtouk en el que daríamos el concierto por la noche. El centro se llama así en honor a un famoso músico bereber oriundo de esta localidad.

Centro Cultural Biougra

Centro Cultural Biougra

Como sobraba tiempo nos llevaron a visitar un sitio realmente interesante: un granero comunitario. Un lugar en el la gente de la zona podía guardar grano, joyas, bienes, papeles. Con un sistema de vigilancia increíble y una organización de espacios que nos dejó a todos con la boca abierta.

Granero de Biougra

Granero Biougra

Después nos acercamos a una laguna cercana y como ya estaba próxima la caida del sol, volvimos a Biougra para que tanto el chófer como el resto de la comitiva marroquí pudiera tomar el petit dejeneur, después de otro día más de ayuno.

A eso de las 10 y media de la noche daba inicio el concierto en un salón repleto de público. Una de las cuestiones que más nos sorprendió fue la ausencia de mujeres. Calculamos que habría unas 500 personas y de ellas no había más que tres mujeres y pertenecían a la asociación que organizaba el concierto. No dejó de ser sorprendente la situación.

Nos hicieron una presentación de la asociación y después un grupo de música tradicional nos ofreció una de sus danzas que poco a poco intentábamos bailar, moviendo los hombros arriba y abajo acompasadamente.

Música tradicional Biougra

El concierto fue de nuevo todo un éxito con aplausos y un público totalmente entregado.

Concierto en Biougra

Echamos de menos la presencia de mujeres en la sala, pero sí que aprovechamos para dar protagonismo a las pocas niñas que presenciaban el concierto.

Niña de Biougra dirige la orquesta

Tras el concierto tuvimos un tiempo para conversar con los fans de la OCAS y después fuimos rumbo al restaurante a cenar. Como cada día, llegamos bastante tarde al hotel, pero ahora lo hacíamos despidiéndonos de la gira por los alrededores de Agadir, ya que al día siguiente marcharíamos hacia el desierto.

Álbum de fotos día 16: Biougra, 11 de agosto de 2011