Día 7: Tiznit, 2 de agosto

En Tiznit iniciamos la gira por los pueblos. A primera hora de la mañana nos recogía el autobús que nos llevaría rumbo a esta población, no sin antes parar en una tienda de instrumentos que quedaba de camino en donde se compraron algunos instrumentos de percusión marroquíes.

Comprando instrumentos marroquíes
Lo previsto era realizar un concierto a eso de las tres de la tarde en un centro de educación especial. Si bien estaba programado finalmente se anuló porque con las vacaciones de los alumnos no tendríamos público. Nos dio mucha pena porque el centro lo merecía. Visitamos las instalaciones y nos explicaron el trabajo que se realizaba en cada uno de los espacios. Sin duda nos habría encantado que el concierto se celebrara.

Descargando instrumentos en el centro de educación especial

Tras dejar los instrumentos en el centro hicimos nuestro primer intento de comer en Ramadán. No fue sencillo. En el restaurante que había abierto (uno solo en toda la población) solo había comida para 10 personas, así que el resto, después de recorrer la ciudad en autobús optamos por “asaltar” un supermercado y una panadería para surtirnos de todo tipo de viandas, latería, frutas y algún que otro “embutido” con aspecto sospechoso (finalmente sabía peor de lo que era de esperar por la pinta).

Fiambre de color sospechoso

Había que esperar a las 10 de la noche, así que nos fuimos a visitar la playa de Aglou, un paraje natural en el que pudimos ver de cerca los primeros camellos del viaje.

Playa de Aglou

En la playa de Aglou

Llegamos a Tiznit de nuevo y visitamos un taller de platería, ya que esta población es muy famosa por este motivo. Estaba casi anocheciendo cuando llegamos a la plaza en la que descargamos los instrumentos para el concierto. Se puede decir que estaba “abarrotá”. Había un bullicio inmenso de gente comprando, caminando de un lado a otro y casi no había espacio para maniobrar con las cajas e instrumentos de la orquesta.

Diez minutos más tarde no dábamos crédito a lo que veían nuestros ojos. Tras el sonido de la sirena y la llamada a la oración vimos como la gente empezaba a correr y, como por arte de magia, fue como revivir la película de “Abre los ojos” cuando Eduardo Noriega camina totalmente solo por la Gran Vía madrileña. Fue increíble. De repente no había un alma en donde hacía unos minutos no se cabía. Esta escena se repetiría cada uno de los días de nuestra gira por Marruecos.

Tiznit solitario

A eso de las 10 de la noche volvía de nuevo la gente a la calle ya a esa hora, más o menos, fue cuando dio inicio el concierto. El lugar fue una carpa a la que al principio no acudió mucha gente pero que poco a poco se fue llenado y aglutinó a un gran número de personas.

Concierto en Tiznit

Los aplausos y las risas se sucedieron. Merecía la pena ver las caras del públic infantil y también el más mayor que en su mayoría no habían visto un violín de cerca ni habían asistido a un concierto de música clásica. Con la ayuda de Nawal y de Alí, nuestros traductores y guías incondicionales árabe-español-bereber, pudimos comunicarnos perfectamente con le público e iniciar nuestros primeros vínculos con la población alauita.

Concierto en Tiznit
Así pues, el objetivo en Tiznit se cumplió y con gran satisfacción volvimos hacia Agadir a dormir a altas horas de la madrugada.

Álbum de fotos Día 7: Tiznit, 2 de agosto de 2011

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