Día 19: El Desierto, 14 de agosto

De caminoMás de dos horas de autobús en una recta inmensa que solo en el último cuarto de hora empezó a dejarnos ver en la lejanía una fina linea roja, El Sahara. Después de pasar Merzouga camino de Taouz, el conductor giró -no demasiado suave- a la izquierda para internarse en un paraje arrasado por el sol, con algunos mojones que marcaban la ruta. Aquellos montones de piedra eran suficientes para encaminar el autobús hacia  nuestro primer punto del itinerario, el Nomad Palace.

Nada más llegar ya vimos nuestros camellos, más bien dromedarios, un grupo de unos cuarenta reposaban en el exterior. El calor se mitigo un poco al nublarse el cielo sobre nuestras torradas cabezas. Tras avituallarnos con dos botellas de agua fria -no por mucho tiempo- nos acercamos al grupo de bereberes que nos fueron acomodando en distintas reatas de cuatro a seis animales.

En el desierto

Comenzamos nuestra “navegación” por el desierto. Al principio con rigidez y un precario equilibrio intentando sujetarnos para hacer fotos y videos a la vez , pero sobre todo con humor. Orbayaba en El Sahara y comenzamos a adentrarnos en las dunas, impresionados por el paisaje cada vez más tópico. Dunas gigantes en las que en su cresta la arena formaba chorros en espiral, las perfectas curvas en la arena, como escamas y los millones de cagarrutas de dromedario que hacen las delicias de los escarabajos peloteros. Los Bereberes, siempre dispuestos a la broma y con un sentido del humor muy parecido al nuestro, nos intentaron hacer creer que durante unos instante nos habíamos metido en territorio Argelino con el consiguiente peligro, pero, aquel bote de plástico ensartado en un palo que estaba clavado en la arena,  evidentemente no era una marca fronteriza.

Anochecía rápidamente de tal manera que al llegar a nuestro destino ya solo nos iluminaba la luz de la luna. Las jaimas donde pasaríamos la noche formaban un “ocho” con una sola entrada. El primer circulo, el mayor, fue nuestro comedor donde cenamos unos exquisitos  tajín de arroz. El segundo circulo, más pequeño, alfombrado de colchones, se convirtió en dormitorio a la intemperie,  preferible al calor del interior de las tiendas y salvo tormenta de agua o arena una de nuestras “habitaciones” aquella noche.

Después de cenar se improvisó un intercambio musical entre Bereberes y la OCAS y compartimos, casi hasta la extenuación, ritmos y bailes Gnawa y Bereber. La percusión tan ancestral que es capaz de unir culturas y formas de vida tan distintas como la nómada y nuestra sedentaria civilización.

De músicaNo podíamos irnos a dormir, pese al cansancio. Detrás de aquella única entrada estaba el desierto, en toda su plenitud. Así pues, pequeños grupos de nuestra orquesta se empezaron a desperdigar primero cerca de la jaima y poco a poco más lejos, internándose en el desierto, buscando la “duna perfecta”. Pronto en la oscuridad del desierto una decena de luces parpadeaban, aparecían y volvían a desaparecer. Cada cual en grupo o en solitario intentando encontrar “nuestro sitio” en el desierto. Caminábamos algunos con precaución pensando en toda la fauna que podía rodearnos, escorpiones, víboras cornudas, muy rápidas y peligrosas, y miles de insectos con aguijones, pinzas y venenos urticantes. Uno de nuestros anfitriones, muy joven, nos explico que la mayoría de estos habitantes del desierto huyen despavoridos de los hombres. Pero uno de esos “animalitos”, un insecto sospechamos, nos daría un susto picando precisamente en la nalga a una de las instrumentistas de la OCAS. Menos mal que no fue más que un susto. Seguro que ni en sus más psicodélicos sueños ella se imaginaba la experiencia que le tocaría vivir. Con la pierna dormida, tumbada boca abajo y el culo iluminado por las linternas, mientras un Bereber le aplicaba un ungüento fabricado de saliva y estiércol de dromedario. Por seguridad fue trasladada a un Centro Sanitario y a las pocas horas regresaba a la jaima con el susto en el cuerpo y una aventura que contar.

Dormir en el desierto, sin duda fue una de las experiencias más inolvidables para toda la OCAS.

Álbum de fotos día 19: El desierto, 14 de agosto de 2011

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