La verdad sobre perros y gatos … y cucarachas, por Fernando Oliva

Alianza de civilizaciones;  Vínculos; ya hemos hecho dos ediciones de nuestro proyecto de música y cooperación en Marruecos y algo hemos aprendido. Mucho tenemos en común los Españoles y los Marroquíes, somos “primos” -como ellos dicen- y por lo fácil que caemos en las trampas y los timos que nos dan, somos más primos de lo que creemos.

Pero existen diferencias culturales, casi mitocondriales, como perros y gatos, capaces de coexistir, incluso cordiales pero con la certeza de que a la menor oportunidad se enzarzaran en una pelea por cualquier tontería.

Gato marroquí. Fotografía de Amaya RodríguezUna cultura del movimiento, del nomadismo, que valora a los gatos, autónomos, libres e impredecibles, que son capaces de librarles de ratones, serpientes y cucarachas, sobre todo cucarachas. Por el contrario nuestra cultura sedentaria, apegada al terruño, servil, de estómago agradecido, como los perros; inútiles cargas que devoran alimentos y sobretodo agua ¿a cambio de qué?, de cariño, eso sí, en la mayoría de los casos de un desmedido cariño y una dependencia absoluta.

En conflicto la cultura nómada que “apedrea” a los perros –y lo vimos varias veces- y nuestra cultura sedentaria que lleva fotos en el móvil de nuestra querida “mascota cánida”–utilicemos lenguaje sin género – .

Nunca vimos más gatos juntos, ni tan bien alimentados, sobre todo en Essoauira donde caminan de puntillas, casi con “asco” por encima de las montañas de sardinas que se amontonan en el muelle.

Es en este momento cuando una pregunta me viene a la cabeza, ¿sería el gato el animal emblemático de Marruecos?, inmediatamente surge las respuesta, no, sin duda por número, visibilidad e importancia tendría que ser la cucaracha. Este insecto que no goza del cariño de casi nadie y de una publicidad negativa, donde las haya, por estas latitudes es rojiza, casi rubia, de mayor tamaño y mucho más curiosa y descarada que las nuestras. Las vimos en cantidades ingentes, por paredes, suelos, techos, en la ropa, en las calles y hasta en el cesto del pan, tan común que llegas a verlas como casi “otro tipo de hormiga”.

Si vas al baño es imprescindible un pacto mutuo de no agresión con la cucaracha, dejar pasar la vida y con suerte un gato se acercará devorándola velozmente, antes de que un perro se percate del minino persiguiéndolo por la calle, mientras un simpático lugareño le tira piedras al can.

En definitiva, los gatos viven razonablemente bien, los perros irracionalmente mal, las cucarachas son mayoría y los humanos, somos tan distintos que somos idénticos.

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