Día 2º: 19 de febrero en Otavalo

A las ocho de la mañana los primeros transportes salieron hacia la antigua fábrica textil de “La Joya” hoy Centro para niños con discapacidad. Debíamos tener todo preparado para la llegada de los niños y sus padres a nuestro primer concierto de este Vínculos 2011/2012 en Ecuador.

El primer inconveniente fue la falta de atriles sobre los que colocar las partituras, un pequeño obstáculo que se superó, como siempre, gracias a la capacidad de adaptación e improvisación de nuestra orquesta. Se tendió una pequeña maraña de cordeles sobre los que, a modo de “tendedero musical”, colgaban las partituras sujetas por pinzas de la ropa. La solución funcionó y el concierto trascurrió de la mejor manera que podíamos aventurar.

Tendal de partituras - Foto de Alba Rodríguez

La orquesta interpretó magníficamente el repertorio adaptado para esta ocasión en el que no faltaron los niños y niñas que salieron a dirigir la orquesta. Las severas restricciones de movilidad y grandes discapacidades de algunos de estos niños no supusieron ningún impedimento para reír y disfrutar del momento. A esto se añadió la emoción de padres  y madres que veían el esfuerzo de sus hijos por salir a dirigir, así pues la respuesta a este estimulo musical fue espectacular y todos , en la medida de sus posibilidades, participaron del espectáculo.

Dirigiendo el concierto - Foto de Alba Rodríguez

El concierto terminó con la popular popular Marcha Radesky en la que todos aplaudieron al compás. Fue un gran día, en el que “otra vez, recibimos más de lo que podemos aportar, que es solo nuestra música”, como dice Manuel Paz director de la OCAS.  Ver las caras de alegría y satisfacción de niños, niñas, sus familias y el personal del centro compensa todos los esfuerzos realizados.

Tras el concierto, comimos en un pequeño local en la “Plaza de los Ponchos” centro neurálgico del comercio callejero de Otavalo y después emprendimos una pequeña excursión al Lago San Pablo a los pies de volcán Imbabura. No teníamos tiempo que perder ya que anochece a las siete de la tarde, así que marchando.

Nuestra primera parada fue “el lechero”. El lechero es un árbol que se encuentra en lo alto de una colina desde la que se divisa  el volcán y la Laguna de San Pablo. Cuenta la leyenda que este árbol es una princesa india enamorada de un plebeyo y que ésta no llego a tiempo de impedir que su celoso padre ejecutara a su amado. La princesa al llegar a esta colina se convirtió en árbol y sus lágrimas formaron la laguna. Este árbol segrega una sustancia blanca, irritante y pegajosa, de ahí el nombre de “el lechero”.

El lechero - Foto de Alba Rodríguez

Desde la colina de “el lechero” bajamos hacia el lago por una pista de tierra que no se podía afrontar sin cierto valor y pericia… pericia como conductora de Dudu, voluntaria española que trabaja en el Centro “La joya” como fisioterapeuta y que amablemente se ofreció como guía y conductora para enseñarnos este espectacular paisaje.

Llegamos al borde de la laguna con los últimos y cálidos rayos de sol. Situación que aprovecharon Manuel Paz, Román y Guillermo “Pumu” para darse un baño en las templadas aguas del lago. A su salida de las aguas del lago pudieron experimentar los efectos de practicar deportes a estas alturas.

Lago San Pablo - Foto de Alba Rodríguez

El regreso a Otavalo lo hicimos con las ventanillas de la furgoneta cerradas para evitar que los lugareños nos empaparan con cubos de agua, ya que esta es la costumbre en carnaval y todos andan enzarzados en guerras de agua y espuma.

Siendo tan poco el tiempo del que disponemos, cada minuto perdido es irrecuperable y arrastrando nuestros cuerpos cansados nos acercamos a Peguche. Este pequeño pueblo se convierte cada año en el acontecimiento indígena anual, el “runa kay”. Este festival reivindicativo de la lengua KICHWA (kechua) es eminentemente musical, aunque se convierte en un acontecimiento multidisciplinar y de reafirmación de la nacionalidad indígena con pases de moda, gastronomía, demostraciones culturales. El acto comenzó con la ceremonia de un chamán y mientras las actividades se desarrollaban en el escenario, una decena de mujeres preparaba una comida comunitaria, que compartieron con todos los que asistíamos. Nos ofrecieron unas bolsitas de comida con vegetales, alubias, patatas y pollo que degustamos en comunión con las 2000/3000 personas que abarrotaban el “coliseo”, una cancha deportiva cubierta.

Era impresionante ver a todas esas personas “de punta en blanco”, con sus mejores galas. Ellos, de blanco inmaculado cubiertos con un poncho oscuro y con sombrero a juego y ellas con faldas negras con una estrecha y vertical franja blanca en el lateral, blusa blanca impoluta de coloridos bordados, cargadas de todo el oro de que disponen en forma de collares, pendientes, sortijas. Pero el cansancio y el sueño hicieron mella en todos nosotros, tuvimos que regresar al hotel a mitad del primer concierto, lo que alegró a unos cuantos que contemplaban el espectáculo de pie.

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Una respuesta a “Día 2º: 19 de febrero en Otavalo

  1. Preciosa la leyenda del “lechero” y presiosa la foto, Manuel Angel, con el niño. Y no digamos nada del “tendal” de las partituras. Lo que a vosotros no se os ocurra…. Sois geniales.
    Besote grande
    Isa y Antonio “Tonín” para los de Ujo

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