Día 5º: 22 de febrero, un adiós a Otavalo y un hola a Quito

Vista de Otavalo

¡Adiós Otavalo!, ¡Qué a gusto y qué tranquilos hemos estado en esta localidad!. Hoy tenemos que partir hacia Quito, pero primero tenemos que dar dos conciertos. El primero para niños y niñas, algunos de ellos con discapacidad y a quienes acompañaran algunos padres. Y el segundo para el alumnado de dos colegios de Otavalo. ¿Qué podemos decir?. Todos disfrutamos muchísimo, incluso Kevin, que ya había salido a dirigir en el primer concierto y que sufre una parálisis cerebral. De nuevo volvió a convertirse en un auténtico director de orquesta.

Últimos conciertos en Otavalo

 Nos despedimos de Judit y Dudu, del Centro “La Joya” que tan grata han hecho nuestra estancia en Otavalo y de los hijos de Judit, Dani y Hugo. El pequeño que con su insistencia en dirigir la orquesta volvió a encandilarnos a todos. Desde el primer momento nombramos a los dos miembros honoríficos de la OCAS.

 Despidiéndonos de Otavalo

Los niños y niñas de los colegios de Otavalo volvieron a asombrarnos con su educación y alegría y nuestra orquesta les sorprendió con una música que no escuchan habitualmente y que les entusiasmó.

 Público en Otavalo

Contentos de inspirar al menos curiosidad por la música clásica y en algunos casos un gran entusiasmo por la música que acababan de descubrir. Uno de los casos es el de Jasón Javier Ruíz que nos prometía, al final del concierto, que siempre nos recordaría y que intentaría tocar la música clásica que nos escuchó interpretar, con los instrumentos tradicionales que ya toca a sus 12 años.

Queremos agradecer a la Municipalidad de Otavalo y a su Alcalde Mario Hernán Conejo Maldonado que nos facilitaron el transporte y nos agasajaron con nuestra última comida en Otavalo.

Salimos hacia Quito, un viaje de aproximadamente tres horas recorriendo un paisaje espectacular. Una vegetación exuberante y una naturaleza en todo su esplendor. Volcanes que se elevan hasta los 5000 metros, gargantas y barrancos de vértigo que fuimos disfrutando mientras circulábamos por la panamericana.

Ya anocheciendo llegamos a la capital, 50 Km de largo y 4 de ancho con un millón y medio de habitantes. Dejamos a nuestros “refuerzos ecuatorianos” en el conservatorio y llegamos a nuestro hotel “Fuente de piedra”. Después de cenar, agotados, nos retiramos a dormir y solo unos pocos se atrevieron a dar una vuelta por las cercanías del hotel. Esto no es Otavalo y como cualquier gran ciudad sudamericana cuando cae la noche el peligro aumenta y hay que tomar “precauciones”.

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