Día 17, 26 de agosto: Percusión, dunas, dromedarios y jaimas.

Tras el concierto del día anterior, tocaba un día de relax y actividades, más o menos turísticas. Aunque, puesto que la música impregna todo lo que hace la OCAS, no podía transcurrir un día completo sin ella. Así, tras el desayuno, las y los miembros de la orquesta se desperdigaron por diferentes espacios del hotel en el que nos alojamos en Merzouga para ensayar y estudiar las partituras de los siguientes conciertos.

Ensayos en Merzouga
Con las dunas como escenario, podían escucharse distintas melodías en cualquier parte del hotel. Os dejamos una foto de Iván, Aitor y Sara ensayando una nueva pieza, pero su música no era la única. En la piscina podíamos oir la trompeta, desde la terraza nos llegaban sonidos del trombón, de algunas habitaciones se oían los contrabajos, chelos, violines y violas, mientras los clarinetes se escuchaban en la entrada o el oboe y el fagot desde la recepción.

Caravana de... OCAS

Así, tras el tiempo de estudio-ensayo, tocaba la “excursión” en dromedario (son, por cierto, los que tienen una sola joroba) para llegar, después de una hora y algunos músculos “molestos” al campamento de jaimas. En este lugar en el que pasaríamos la noche pudimos disfrutar del anochecer en el desierto, de la visión de la luna a través del telescopio y, ¡cómo no! de una fiesta en la que los instrumentos de percusión de nuestros anfitriones (tambores y panderos) animaron una noche que ya, por sí sola, prometía.

Fue divertido ver a todos nuestros percusionistas (los dos Fernandos, Pablo e Iván) improvisando música española para deleite de los bereberes (y algunos turistas) que nos acompañaban. Esta vez el cajón flamenco y la batería, eran sustituidos por instrumentos tradicionales que nuestros chicos tocaron a la perfección. El baile al ritmo de la música no se hizo de rogar así que fue una velada divertida.

El campamento de Jaimas

Sólo quedaba ya, la elección entre dormir dentro de la jaima, sacar la cama al centro del campamento o aprovechar la oportunidad para dormir en las dunas y, por supuesto, hubo un poco de todo. Las cuarenta y cuatro personas que componemos la “expedición OCAS”, nos repartimos una vez finalizada la improvisada fiesta hispano-bereber.

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