El HUCA se traslada al ritmo de Radetzky

El HUCA se traslada al ritmo de Radetzky

El área de terapias del cáncer del viejo hospital acoge en su último día de funcionamiento un singular miniconcierto de la Orquesta de Cámara de Siero

Pablo ÁLVAREZ. La Nueva España. 06.06.2014

En pocos minutos, unas dependencias hospitalarias casi siempre pobladas de zozobras e incertidumbres se vieron invadidas por la alegría que transmite la música. No era Año Nuevo ni estábamos en Viena, pero la celebérrima “Marcha Radetzky” marcó ayer el ritmo de la mudanza del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Una quincena de músicos de la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS) ocupó el área de oncología médica del centro sanitario en su último día de funcionamiento. Enfermos y acompañantes se sumaron dando palmas. Algunos incluso tomaron la batuta y se convirtieron en improvisados directores.

Un sentimiento de emoción invadió a Fernando Oliva, contrabajista, quien entre tal laberinto de columnas, sillas y mostradores a duras penas lograba hallar espacio para su voluminoso instrumento. “Estuve viniendo por aquí dos años con mi madre, que afortunadamente está curada, aunque sigue con revisiones cada seis meses”, explicaba el músico. Reyes Carvajal se sentía como en casa. En realidad, estaba en casa. Tocó la trompa sin quitarse la bata de trabajo, ya que investiga en la unidad de inmunología del Hospital Central. Gema del Valle, enfermera y una de las promotoras de la actuación, se perdió el espectáculo a causa de la intensa afluencia de usuarios. Nunca falta trabajo en la sala de tratamientos de quimioterapia: en pleno concierto, una paciente se desvaneció y tuvo que ser atendida.

Manuel Paz, director de la OCAS, no ocultaba su satisfacción. “Tenemos una amplia experiencia en conciertos solidarios, no sólo en España, también en otros países, como Marruecos y Grecia”, explicó. El repertorio del concierto constó de tres piezas: la ya citada marcha de Johann Strauss (padre); “Jokey Polka”, de Josef Strauss; y “Ayer vite na fonte”, bucólica composición asturiana. Dos de ellas fueron interpretadas en la sala de espera, donde los iniciales rostros de sorpresa fueron dejando paso a gestos de rélax y satisfacción. Y las tres sonaron a continuación en el hospital de día, donde los enfermos de cáncer reciben sus tratamientos.

En el primero de los “escenarios”, el director de la OCAS pidió un voluntario para manejar la batuta. Hubo resistencias, pero terminó convenciendo a Marián García Aguilera, una mierense que acompañaba a su madre, Elvira Aguilera. En el hospital de día, la improvisada “directora” de la OCAS fue Montserrat Posada, de Infiesto, en plena sesión de quimioterapia, quien lleva a tratamiento desde el pasado marzo. “Estoy bastante bien”, explicó después del trabajo extra que le había encomendado Manuel Paz.

“Estoy convencida de que, algún día, la música formará parte de nuestros tratamientos del cáncer”, pronosticó la enfermera Eva Pérez Pertierra al final del singular miniconcierto.

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