Sinfónico Fado – Teatro de La Laboral – Gijón – 30 /11/2014

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Ángel García Prieto

Joana Amendoeira está llena de fado, gira y vive apasionada en el mundo fadista desde que a los seis años – ahora tiene treinta y dos – cantó “O cavalo russo” en su entorno familiar.

Allá en la ciudad gótica de Portugal, Santarém; donde se puede uno asomar a las Portas do Sol, un balcón que quedó del Paraiso Terrenal en las almenas de su castillo, para ver el fascinante paisaje de un Tajo que se desliza con sinuosa solemnidad en la llanura inmensa del Ribatejo verde, entre meandros amarillos.

Tierra de cielo azul, alegría, toros, fandangos y campinos, los campesinos caballistas de chaleco rojo y birreta verde.

A los doce años frecuentaba los fines de semana el restaurante O Castiço y a los quince graba su primer disco “Olhos garotos”. A los veintidós (2004) ya tenía varios CDs y editó el que para mí es una maravilla antológica de su preciosa voz, bien timbrada y cálida, su gracia, su alegría, emoción y dramatismo; se titula Ao vivo em Lisboa, a base de fados-fados, y fados-canción. Un disco lleno de juventud y madurez, que pienso que no lo ha superado todavía.

Joana es una inquieta y emprendedora que estudiaba Antropología, a la vez que actuaba y actúa cada noche en casas de fado cuando no está de gira por el mundo; para poner un ejemplo, se puede decir que sólo en Asturias ésta es la sexta vez que viene. Por otro lado participa en recopilatorios y ediciones de homenajes o beneficencia. Y busca, busca de modo incansable hacer fado e innovar,

Este espectáculo del domingo, que se titulaba “Sinfónico fado”, en realidad es fado y música sinfónica de aires portugueses; salvo un tema asturiano y un mambo, muy divertido, por cierto, porque el director, Manuel Paz, buscó y encontró de modo muy simpático la complicidad del público y nos hizo cantar tres sílabas con ese ritmo. Fue, decía, fado: cuatro fados en concreto, muy buenos: “Menor”, “Das horas”, “Pechincha”, con excelente y larga participación de los músicos, Pedro Amendoeira, en la guitarra portuguesa, Iván Fernández con la guitarra española (que no con viola de fado) y René Izquierdo, al contrabajo; y también la “guitarrrda fadista” con unas “Variações”, de “Meditando” y “Fado Lopes”, que fue muy , muy, muy aplaudida, así como lo fueron todos los fados y alguna otra composición sinfónica, que hacía referencia a bonitos temas de Manuel Alegre, Peixoto, Fontes Rocha u otros. Pero que no eran fados, por pura definición, ya que el fado no se hace con orquesta.

En todo caso, teatro lleno, público animado y a esperar que haya más. Los que vamos al fado – aunque como en este caso sea acompañado de otras cosas – tenemos siempre saudade de más fado, para animar la vida. Pues aunque corra por ahí la idea de que el fado es triste, la verdad es que el fado es siempre reconfortante. Cura, alivia y repone fuerzas del ánimo, para vivir.

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